Arcelia,Gro.

EL CARTÓN

DESPEJAR



SI QUEDA ALGUNA DUDA DE LA PARTICIPACIÓN DE LOS ABELISTAS en el bando amarillo, en la última elección, para los observadores ya no queda duda alguna.

Ayer, en el informe que rindió el senador Lázaro Mazón Alonso en Chilpancingo, el presidente electo de Coyuca de Catalán, Elí Camacho Pineda, llegó flanqueado por la ex síndica de este municipio, la priísta-abelista María Valenzuela; así como del ex regidor panista-perredista Lucio Gómez Serrato y el ex fallido candidato panista-perredista Leo Román Salazar, así como dos guaruras que fueron afines a los gobiernos de los priístas Rafael Higuera Sandoval y Alfonso Manjarrez.

De modo que es impropio que el ex diputado federal Abel Echeverría lance la noticia de la formación de un nuevo grupo político al interior del PRI, el que desde luego él presidirá y utilizará, justo ahora que se abre la selección de candidatos a diputados federales.

Es sabido lo que ocurrirá: si logra ser candidato por el PRI, como en 2003, cuando se metió con calzador entre los figueroístas, exigirá por todos los medios el apoyo de los grupos que ahora repudia. Pero si pierde, trabajará en contra de su partido como ya es su costumbre.

De hecho, sus seguidores están cortados con la misma tijera. Su función en el escenario público no es, nunca, desempeñar dignamente un cargo y ser parte de la proposición y el desarrollo. Por el contrario, se asumen como limpios de toda culpa mientras que por lo debajo negocian sus firmas y condicionan sus respaldos. Así fue la desafortunada presencia de María Valenzuela como síndica procuradora, la que exigía camioneta y chofer para que la condujera a su trabajo en el ITA, y luego a su oficina de la sindicatura.

Doña María es de las que le toma el brazo a alguien y no lo suelta. De las que asiste a comilonas de políticos, y carga un bolsón para llevar todo lo que encuentra. Así son los abelistas. Y así serán. ¿Quién los cambia?

Abel aprovechará con creces la vuelta al escenario de Héctor Astudillo. Se habla también ya de su compadre, Héctor Apreza, pero es dudoso que éste último tenga alguna oportunidad, dado su enfrentamiento con Marco Antonio Leyva Mena, hoy diputado plurinominal, en aquella desafortunada historia de corrupción en los registros de candidatos a los ayuntamientos.

Fue tan fuerte, que Apreza renunció públicamente y habló de asuntos tan delicados como la imposición de candidatos, siendo sustituido por el costeño Constantino García Cisneros, quien como pudo remendó el entuerto.

Otro soporte de Abel es el senador de las minorías, Ángel Aguirre Rivero, quien con el triunfo de su primo en Acapulco, ya se siente despachando en Casa Guerrero, por lo que no será en vano que quiera montar en Tierra Caliente a una de las piezas más fieles de su ajedrez.

La lucha será encarnizada y no habrá urnas. El PRI no quiere divisionismos y se han propuesto lavar la ropa sucia en la casa, y no ir a la lavandería. Pero son tantos los burros para un solo olote, que el desplumadero va a estar sabroso.

Por lo pronto, basta seguir el hilo de las traiciones, para ir descartando desde ese sector a los que favorecieron a  la oposición. Y son tantos, que el asunto quedará resuelto con poco esfuerzo

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